La representación de una famosa ópera necesita iluminación,
decorados… toda una infraestructura al servicio de la música. Pero a nadie se
le ocurriría deducir que el libreto de la obra es producto de los gases de la
caldera de la calefacción… La ópera no puede reducirse a gas, electricidad,
desagües… Lo mismo sucede con el psicoanálisis freudiano, que contempla
únicamente la infraestructura, el subsuelo biológico de la vida humana.
Analizando los planteamientos de Sigmund Freud, se puede
observar cómo son superados por uno de sus discípulos, Viktor Frankl, el
psiquiatra vienés.
Ni se puede ni se debe negar la dinámica afectiva y la
energía instintiva, pero la vida de hombres y mujeres no consta exclusivamente
de afectos, instintos sexuales, placeres y ambiciones. Si los dinamismos
humanos se reducen al simple ser consciente de las pulsiones instintivas, el
hombre no se sentiría “dueño de su propia casa”, según la expresión del mismo
Freud. En ese caso, la persona se encontraría siempre a merced de la biología;
algo así como un barco con los motores en marcha, pero sin velas ni timón.
La superación de Viktor Frankl al psicoanálisis freudiano
consiste, pues, en admitir que, además de ser consciente de sus pulsiones, la
persona es responsable de ellas y de los comportamientos que suscitas, porque
es capaz de dominar los impulsos del instinto.
En caso contrario, se encontraría determinado por las
oscuras y ocultas fuerzas de su biología. De este modo, ser responsable de los
actos derivados de las acciones internas implica la capacidad de poder
gobernarlos o regularlos.
Sin duda alguna, no hay nada como vivir a tope, trabajando a
tope, amando a tope, disfrutanto a tope, sufriendo –con sentido- a tope.
Estos a tope son notas que se escriben en el pentagrama de
la vida cotidiana de cualquier hombre y cualquier mujer. Si cumplimos el deber
de cada momento ¡a tope!, con la atención centrada en eternizar los instantes,
hemos dado con la clave y el secreto de la psicohigiene, y de la felicidad y de
la santidad.
A pesar de los cambios históricos y las muy diversas
circunstancias de la humanidad, sigue siendo válida la respuesta de Viktor
Frankl a la pregunta de qué es el hombre: “es un ser que siempre decide lo que
es, que alberga en sí la posibilidad de descender al nivel del animal o de
elevarse a una vida superior.
“El hombre es ese ser que ha inventado la cámara de gas,
pero también quien caminó en dirección a esas cámaras en actitud erguida y
rezando el Padrenuestro o con la oración judía de los agonizantes en los
labios”.
Respuesta con el valor añadido de provenir de un hombre que
sobrevivió a cuatro campos de concentración nazí.
Redacción (Universidad de Navarra, presentación del libro Vivir a tope)
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