Entrevista de Nieves San Martín, en ZENIT, para presentar el
libro La felicidad inadvertida
(Editorial Eunsa), José Benigno Freire.
Usted habla de
“nostalgia de lo cotidiano” en un campo de concentración, una nostalgia que
humaniza, y extrae una lección para el hombre de a pie. ¿Cuál?
Resultaba curioso que, en los escasos momentos de un cierto
sosiego o tranquilidad, los prisioneros regresaban con añoranza a su vida
anterior. Y no se acordaban de sus éxitos o de sus logros sociales o
personales; generalmente recordaban detalles menudos de la vida habitual: el
sofá de casa, una ducha en agua caliente, la calidez del pan recién hecho, el
beso nocturno al despedirse de la madre… Unos detalles que Primo Levi describió
con una expresión agraciada: sentían dolor de hogar. Esta experiencia no debe
interpretarse en clave emotiva, porque eran los sentimientos de unas personas
que vivían con la muerte escondida detrás de un cercano amanecer. En esas
condiciones uno no está para lirismos sentimentales. Por lo tanto, constituye
un valor objetivo. Por eso animo a los lectores a que los disfruten, y que por
cotidianidad no los dejen pasar inadvertidamente.
La contemplación de
la belleza ¿puede salvar del envilecimiento o la locura?, ¿por qué?
Sí. Pero más que un antídoto es un síntoma de la madurez
interior. La percepción de la belleza y conmoción emocional o estética, surgen
como una manifestación de que la persona atiende a unas solicitaciones que
traspasan las apetencias exclusivamente corporales. Disfrutar con la
naturaleza, la música, la pintura, la belleza de una película, el apagado
resplandor de una puesta de sol… es señal de que las entretelas de la persona
se activan por el regusto de la belleza, un trascendental del ser.
El humor tiene una
función en la psicología, ¿puede explicar cuándo el humor hace más humana a una
persona?
El humor puede tener múltiples orígenes. Desde lo chabacano
o rudo, hasta representar un chispazo de la exquisitez de la inteligencia
humana. De todos eso posibles orígenes el más humano es el humor que germina en
el amor: cuando una persona utiliza todos sus recursos para aliviar el
sufrimiento de otro, para ayudar a otro sin ser notado. Así, el humor brota
espontáneo, afable y expansivo. Muchos malos momentos de la vida se pueden esconder
en el hueco interior de una sonrisa.
¿La dignidad humana
tiene una gran relación con el saber gobernarse a sí mismo?
Sí, porque en la intimidad anidan las bridas del
comportamiento. Si una persona actúa siguiendo el dictamen de su coherencia
interior, mantiene una fuerza y constancia más intensa que si actuara en
función de los movedizos y tornadizos intereses de los requerimientos o
instigaciones externos a su dignidad.
¿Qué entiende por
aceptar la limitación de lo real?
Una cosa muy sencilla, que nos suele alejar de la felicidad.
La felicidad absoluta –completa y total- no existe por la limitación inherente
al ser humano. Si anheláramos esa felicidad viviríamos con una sensación de
desencanto habitual. Hay que convencerse que la única felicidad razonable,
real, es la que permite disfrutar de la vida, con sus alegrías y bonanzas, en
el espacio realista de los problemas, enfermedades, fracasos, dificultades,
obstáculos… Todo lo demás pertenece al terreno de la fantasía.
Su última propuesta
en este libro es una invitación a superar el desencanto en la vida de cada uno.
Entonces, ¿la felicidad se construye día a día?
El desencanto ha de entenderse en el sentido de una pregunta
anterior: situarse en el espacio de la limitación de lo real. La vida puede ser
un experimento fantástico, engatusante y engatusador, siempre que no perdamos
de vista las coordenadas de lo real. Y para disfrutar de la vida hay que
zambullirse de bruces en el único tiempo capaz de sentir la hondura de vivir:
ahora, hoy.
¿A lo largo de la
investigación o de la elaboración del trabajo ha encontrado algo inesperado o
que le sorprendiera especialmente?
Sí, y mucho. La inicialmente impensable cantidad de rosas
frescas (bondad humana) que cuajaron y crecieron en aquel atroz estercolero.
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