Andan con marejadilla en algunas Comunidades al pretender no
renovar los conciertos a los centros de educación diferenciada. Aunque los
gobernantes autonómicos prefieren llamarlos colegios
que segregan vía sexo… ¿Segregar? Suena estridente, brusco; al menos,
provocativo. Sobre la marcha pensé en el tenis –y casi todos los deportes-,
donde conviven dos circuitos: uno masculino y otro femenino; mujeres y hombres por
separado. ¿También segrega? ¿Por qué no protestan las feministas? ¿Y los
políticos? Nadie lo cuestiona por razones… ¡obvias!, ¡por la evidencia misma!: las
distintas condiciones físicas de las mozas y los mozos; lo cual en nada rebaja
o entorpece la igualdad. Así de sencillo…
Pues la enseñanza diferenciada se asienta sobre un dato del
mismo rango, evidente e incuestionable: el desigual ritmo de crecimiento entre
las niñas y los niños. ¡Indiscutible! Sin embargo, en este caso, los datos
objetivos se soslayan, y se esgrimen presupuestos ideológicos, políticos,
partidistas. Huele a politiqueo más que a cuestiones educativas relevantes. Intentaré
argumentarlo:
Primero. Los defensores de la educación diferenciada jamás se
ancaran ante los partidarios de la enseñanza mixta, ni la cuestionan. Su
actitud no es elegir entre lo malo y lo bueno, sino entre lo bueno y lo mejor.
Esa mesura contra el que te arremete manifiesta, al menos, un proceder
elegante.
Segundo. La finalidad de la educación diferenciada es alcanzar
una mayor adecuación y eficacia educativa, fundamentándose en el dato comprobable
y comprobado del diverso ritmo del desarrollo entre las chicas y los chicos,
desde la segunda infancia (6/7 años) hasta la hechura de la personalidad (a
finales de la adolescencia). Siempre sostuvo la psicología que las chicas
adelantan en dos años a los chicos en el proceso de desarrollo, tanto en el
crecimiento (físico) como en las facetas madurativas (psicosomático). Dato,
además, de observación común, confirmado por cualquier padre o educador con cierta
experiencia. Esta es la razón básica de la educación diferencia: armonizar la
enseñanza a los distintos ritmos de desarrollo, para así optimizar los
rendimientos en el aprendizaje y la formación. Se sustenta, por tanto, en una
cuestión de índole pedagógica y psicológica.
Tercero. Se enseñan idénticos contenidos, materias,
objetivos, destrezas, habilidades… ; en definitiva, el curriculum oficial:
igualdad en el proyecto educativo.
Cuarto. Los centros no esconden su condición y son
oficialmente reconocidos y amparados por la legislación vigente. Recuérdese,
por ejemplo, la sentencia del Tribunal Supremo (2012) que equipara ante la ley
la coeducación y la educación diferenciada.
Quinto. Esos colegios ofertan, con transparencia, su modelo educativo
y son los padres quienes lo eligen libremente para sus hijos. A nadie se le
impone; contrariamente, suele ser una decisión serena y ponderada porque,
generalmente, afecta incluso a la economía familiar… Por consiguiente, negar el
concierto no significa castigar a los centros, sino impedir el derecho fundamental
de los padres para elegir la educación de sus hijos. Conviene recordar el
artículo 26 de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU: “los padres
tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a
sus hijos”. Es decir, aceptar la educación diferenciada en igualdad con la
coeducación, no supondría un ejercicio de tolerancia, sino de salud
democrática.
Sexto. Y en nada se lesiona la socialización, ni desgaja del
contexto social. Es normal que las personas se agrupen según intereses, gustos,
objetivos, finalidades, aficiones… comunes: desde una sociedad gastronómica
hasta colegios profesionales, pasando por asociaciones deportivas o culturales,
agrupaciones folklóricas, coros populares, pandillas de amigos o amigas… Al
reunirse en sus grupos de pertenencia, esas personas no se segregan del tejido social; por el contrario, se injertan en la
colectividad precisamente desde su grupo de afines. Además, en la existencia
cotidiana compartimos distintos grupos que conforman el arco de las relaciones
sociales: la familia, el trabajo, el centro de estudio, partidos políticos o
sindicatos, clubs deportivos, reuniones sociales, lugares de ocio… El conjunto
de esos psicogrupos y sociogrupos conforma un espacio suficiente para el despliegue
completo de la sociabilidad.
Séptimo. Otra prueba de su propósito pedagógico: aquellas
instituciones de modelo diferenciado que ofertan el ciclo educativo completo, recurren
a la educación mixta en infantil y en la universidad o en los módulos superiores
de formación profesional, porque ya se supone finalizado el proceso de desarrollo.
Por lo tanto, aventurar otras razones veladas quizá deje traslucir prejuicios
previos.
Hasta aquí la argumentación, que pretendía aligerar la
controversia situándola en su nivel educativo. Pero al repasar las líneas
anteriores me sobrevino una desilusión morrocotuda, un impotente desencanto. Recordé
aquellos versos de Machado, don Manuel: Más no busquéis disonancias porque al
final nada disuena; siempre al son que tocan bailan… Mientras esta dialéctica pertenezca
al terreno de lo políticamente correcto, mientras sume votos… se enarbolaran
banderas populares, viejos recelos, muletillas biensonantes…, y los soportes
técnicos se arrinconarán al ámbito de las disonancias…
José Benigno Freire
Facultad de Educación y Psicología
Universidad de Navarra